Lunes 4 de Noviembre de 1957

Amamos a lo que se nos hace carencia. Imposible desear lo que ya está en mi mano (vieja verdad socrática que recién ahora encarna en mí conscientemente). De allí el Mito de Mi Amor Imposible: carencia, nada más. Una muchacha sedienta en el desierto y un manantial que no da de beber cuando ella se acerca. ¿Qué sucedería si ella pudiese beber? Ah, muchas cosas cambiarían. Me sería beneficioso puesto que yo no amo la sed. (Gide...)

Siempre el bicho. La poesía. Una muchacha mordida y un aullido que quiere trascenderse y ser lo más universal posible.

«Oú sont les hommes? —dit le petit prince—. On est un peu seul dans le désert.»

Extrañeza cuando converso con alguien. No, no soy yo la que habla. No hay pruebas de que soy yo.

Miedo. Candor. Y mucha locura. Y campanas. Y senos mater­nos colmados de piedras.

Pero sobre todo soledad. En gran desierto. Sólo el desierto. Nada que el desierto [sic]

Estoy perdiendo mis últimos objetos. Se acercan la locura o la muerte o ambas o es lo mismo.

Soy un vacío convulsionado por el dolor. Sufro. Sólo sé que sufro. Sólo sufro. Y nada más. Y nunca más.

Digamos que siempre fue así.

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