Insomnios dedicados a la infancia tan lejana. Infancia lamentable, rota, como una buhardilla llena de ratones y de carbón inútil. He intentado rescatar un solo recuerdo hermoso pero no lo he conseguido. Todo lo contrario: a medida que me alejo en el tiempo me veo más desdichada, en dificultades con la gente, hastiada, «niña falsa y enferma de los suburbios tenebrosos». Ahora me pregunto cómo logré sobrevivir, cómo no me aniquilaron absolutamente.
Una solución para desagraviar a mi infancia sería señalar a mis padres como únicos culpables. Pero me hastía la lucha familiar.
Y ahora tengo que empezar de nuevo. Como si aún no hubiera nacido.
De todos modos, advierto que tengo demasiada confusión no puedo asimilar todas mis experiencias y sensaciones. Son excesivas. Y yo soy tan lenta, y ellas giran, ellas giran y me asfixian como si se bebiera una botella de vino ininterrumpidamente, sin tomarse el tiempo necesario para respirar.
Del diario de Du Bos respecto de una definición de Dostoievski: «un ser que durante toda su vida no vive, sino que no cesa de imaginarse a sí mismo». He aquí Alejandra.
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