Martes 8 h de la mañana de 1960

Anoche pensé qué medios usaré para suicidarme.
Hoy, al despertar, retornó a mí una canción judía que me apasionaba a los ocho o nueve años. La tarareaba y cantaba sin considerar su texto. Hoy volvió y supe que lo que más me había conmovido era esto: «Adonde iré. Golpeo cada puerta y cada puerta está cerrada». Me sobresalté y me dije si mi sufrimiento no proviene de algo anterior a mis padres. Instantáneamente pensé en el hermetismo que no conozco y en la Cabala, que tampoco. Todo esto es muy raro y lamento, más que nunca, mi adolescencia psicoanalítica. El psicoanálisis me ha hecho racional y desconfiada respecto de las cosas que deberían serme naturales como milagros, significados mágicos, etc.
Todas las puertas están cerradas. Este deseo de creer en el mundo externo me enloquece más que mi alejamiento casi absoluto. Ahora (desde hace un mes) no puedo refugiarme en la imaginación. En nada puedo refugiarme.
Por la noche.
Lo mejor es dormir. El sueño bruto. Aún me niego. Qué se yo de las palabras. Esto que digo no es un juego, no es una imagen.

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