Es como si me hubieran amputado la sangre.
Alzarse en la noche con un puñal en la mano y devastar el país de los sueños. De aquellos sueños divorciados de la realidad.
Y sobre todo una gran vergüenza, no sólo de ser yo, sino, simplemente, de ser. Vergüenza de vivir o de morir. También estaré avergonzada cuando me muera. Seré una gran muerta inhibida.
¿Posibilidades de vivir? Sí, hay una. Es una hoja en blanco, es despeñarme sobre el papel, es salir fuera de mí misma y viajar en una hoja en blanco.
Una muchacha mordida y un aullido que quiere trascenderse y ser lo más universal posible
Miércoles 11 de Diciembre de 1957
Es menester volver al silencio y pensar.
Asombro de ser yo.
En verdad, el asombro, a pesar de su valor maravilloso, en mí significa desarraigo, un no sentirme en familia en el mundo, como si hubiera ido por unas horas a visitar la casa de un pariente raro, y yo contemplo los muebles y las paredes extrañada, llena de pasmo y de admiración.
Certidumbre de mi muerte próxima, cercana, deducida de la imposibilidad de imaginarme en el futuro.
El tiempo y los Conway. No quiero ser Kay.
Asombro de ser yo.
En verdad, el asombro, a pesar de su valor maravilloso, en mí significa desarraigo, un no sentirme en familia en el mundo, como si hubiera ido por unas horas a visitar la casa de un pariente raro, y yo contemplo los muebles y las paredes extrañada, llena de pasmo y de admiración.
Certidumbre de mi muerte próxima, cercana, deducida de la imposibilidad de imaginarme en el futuro.
El tiempo y los Conway. No quiero ser Kay.
Martes Diciembre de 1957
La mañana para llorar. La noche para desear. La tarde para jugar a la vida.
¿Renace la alegría? No. Es el amor que encendió un fuego cerca de mi corazón.
En mi amor todo es pérdida. Pero he aquí mis ojos lucientes como perros rabiosos. He aquí mis manos dulces como la lluvia. En mi amor todo es pérdida. (Hoy y siempre, recordarlo. Hoy y siempre.)
¿Renace la alegría? No. Es el amor que encendió un fuego cerca de mi corazón.
En mi amor todo es pérdida. Pero he aquí mis ojos lucientes como perros rabiosos. He aquí mis manos dulces como la lluvia. En mi amor todo es pérdida. (Hoy y siempre, recordarlo. Hoy y siempre.)
Lunes Diciembre de 1957
La noche insiste en ser un silencio. Yo golpeo a las puertas de la noche.
Nada de autocompasión. Es menester volver al silencio, no al silencio redondo, compacto, sino al silencio relativo.
Nada de autocompasión. Es menester volver al silencio, no al silencio redondo, compacto, sino al silencio relativo.
Domingo 8 de Diciembre de 1957
Un esfuerzo sostenido, sólo la posibilidad de mantenerme varias horas. Un poco de constancia, Señor, si me haces el favor, ¡si me haces el favor!
Es la disociación que viene galopando en sus tijeras bajo el cinto, dispuestas a cortar inexorablemente el desmayado hilo que me enlaza a la cordura. Es la disociación galopando un caballo blanco —el manto flotante ornado de recuerdos prenatales— que otea el punto más sensible de mi ser de manera de realizar la aniquilación completa. ¿Luchará la triste muchacha o cerrará sus ojos dolidos y se dejará ir lentamente hacia las tinieblas? Sabido es que la salvación exige sólo el interés. Sí, se salvará por ahora: he aquí un poema dando aletazos en el aire.
Vuelve la obsesiva —o siniestra— necesidad de escribir una novela. ¿Y por qué no la escribo, entonces? Seguramente porque me siento culpable de no estar en el mundo. Esto es difícil de comprender. No obstante, observo con risueño dramatismo que mi vocación literaria oscila entre los poemas metafísicos, los diarios o confesiones que expresarán mi búsqueda de posibilidades de vivir (lo que no contradice con los poemas) y —ahora viene lo peor— una suerte de teatro de títeres en el que todo el mundo revienta de risa. Pero la aspiración oculta es ésta: La historia de una muchacha, es decir, una suerte de «retrato de la artista adolescente», novela que debiera reflejarme, a mí y a mis circunstancias. Dos cosas me maniatan: la ausencia de confianza en mis instrumentos (estilo, lenguaje, dominio de los diálogos) y el desconocimiento cabal de mis circunstancias. No es esto todo. Hay también un gran deseo de dormir y de no despertar jamás.
Es la disociación que viene galopando en sus tijeras bajo el cinto, dispuestas a cortar inexorablemente el desmayado hilo que me enlaza a la cordura. Es la disociación galopando un caballo blanco —el manto flotante ornado de recuerdos prenatales— que otea el punto más sensible de mi ser de manera de realizar la aniquilación completa. ¿Luchará la triste muchacha o cerrará sus ojos dolidos y se dejará ir lentamente hacia las tinieblas? Sabido es que la salvación exige sólo el interés. Sí, se salvará por ahora: he aquí un poema dando aletazos en el aire.
Vuelve la obsesiva —o siniestra— necesidad de escribir una novela. ¿Y por qué no la escribo, entonces? Seguramente porque me siento culpable de no estar en el mundo. Esto es difícil de comprender. No obstante, observo con risueño dramatismo que mi vocación literaria oscila entre los poemas metafísicos, los diarios o confesiones que expresarán mi búsqueda de posibilidades de vivir (lo que no contradice con los poemas) y —ahora viene lo peor— una suerte de teatro de títeres en el que todo el mundo revienta de risa. Pero la aspiración oculta es ésta: La historia de una muchacha, es decir, una suerte de «retrato de la artista adolescente», novela que debiera reflejarme, a mí y a mis circunstancias. Dos cosas me maniatan: la ausencia de confianza en mis instrumentos (estilo, lenguaje, dominio de los diálogos) y el desconocimiento cabal de mis circunstancias. No es esto todo. Hay también un gran deseo de dormir y de no despertar jamás.
Viernes 6 de Diciembre de 1957
La Gran Pitonisa sonríe:
—¿Por qué has dejado al hombre traspasar tu umbral?
—... Tuve miedo de soñarlo, por eso.
La Gran Pitonisa sonríe.
(Ella, sólo ella sabe de mis ojos mendigos.)
—¿Por qué has dejado al hombre traspasar tu umbral?
—... Tuve miedo de soñarlo, por eso.
La Gran Pitonisa sonríe.
(Ella, sólo ella sabe de mis ojos mendigos.)
4 de Diciembre de 1957
He leído La epístola a los pisones, de Horacio. Siempre me sorprende saber que los poemas sirven de solaz, de esparcimiento del corazón ultrajado por la fatiga, como dice Horacio. No obstante, H. me corrobora la necesidad de adquirir una técnica sólida. (Cada palabra debe estar llena de polvo, de cielo, de amor, de orín, de violetas, de sudor y de miedo. Cada palabra ha de ser gastada, pulida, retocada, sufrida.)
¡Al diablo con las poéticas! Hoy he leído la de Boileau, quien no hace otra cosa que repetir a Horacio. Leer estos libros en un día lluvioso de 1957 es como bailar el rock con peluca.
Porque la poesía no es un grato esparcimiento. La poesía es un aullido que hicieron —que hacen— los seres en la noche. (Esto que digo peca de trágico.) Idiota decir: La poesía es... etc., etc.
Piensa, Alejandra, [tachado] tus ideas a la luz de la tristeza. Piensa en la carencia, en la mía, en la tuya, en la suya. Piensa, piensa en la carencia.
Curioso es vivir. Raro es vivir. Asombroso es vivir. ¿Y por qué vivir?
(La Gran Pitonisa se encoge de hombros.) «Soy la Gran Pitonisa, tengo los oídos llenos de whisky y el corazón colmado de salamandras.» (Así se presentó. Tuve miedo.)
Porque la poesía no es un grato esparcimiento. La poesía es un aullido que hicieron —que hacen— los seres en la noche. (Esto que digo peca de trágico.) Idiota decir: La poesía es... etc., etc.
Piensa, Alejandra, [tachado] tus ideas a la luz de la tristeza. Piensa en la carencia, en la mía, en la tuya, en la suya. Piensa, piensa en la carencia.
Curioso es vivir. Raro es vivir. Asombroso es vivir. ¿Y por qué vivir?
(La Gran Pitonisa se encoge de hombros.) «Soy la Gran Pitonisa, tengo los oídos llenos de whisky y el corazón colmado de salamandras.» (Así se presentó. Tuve miedo.)
Sábado 30 de Noviembre de 1957
¡Soy una exaltada! ¡Soy una exaltada! (Maldito sea todo.) El arma más potente es la simpatía (sentir con...). Esto parece trivial. Y sin embargo pertenece a «lo difícil». Primer descubrimiento:2
2 Texto Inconcluso
2 Texto Inconcluso
Lunes 25 de Noviembre de 1957
Es necesario deshacerse de todo prejuicio artístico. Hay que interrogar a la propia sensibilidad, sólo a ella. Ahora sé de mis numerosos errores.
He roto muchas poesías. No escribiré hasta que mi sangre no estalle.
Estoy leyendo los poemas de Dylan Thornas.
He roto muchas poesías. No escribiré hasta que mi sangre no estalle.
Estoy leyendo los poemas de Dylan Thornas.
Domingo 24 de Noviembre de 1957
Desalentada por mi poesía. Abortos, nada más. Ahora sé que cada poema debe ser causado por un absoluto escándalo en la sangre. No se puede escribir con la imaginación sola o con el intelecto solo; es menester que el sexo y la infancia y el corazón y los grandes miedos y las ideas y la sed y de nuevo el miedo trabajen al unísono mientras yo me inclino hacia la hoja, mientras yo me despeño en el papel e intento nombrar y nombrarme. Aparte de ello no olvido lo correspondiente al lenguaje, expresión, etc., materias en las que soy una completa intrusa.
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