Despierto mejor. Dormí toda la noche abrazada a la almohada.
Pensando en ir a Europa. Quiero y no quiero. Quisiera ir y ver cosas bellas, aunque sólo fuera un cielo puro y grande. No es justo que yo muera habiendo probado lo horrible, solamente lo triste y angustioso.
Ayer hice un poema que no me disgustó.
Pienso que nadie menos neurótico que don Quijote. Es equilibrado y dulce como un niño. Sólo que al revés. Sería neurótico si oscilara entre creer que son molinos de viento u otra cosa. Y sería más neurótico aún si tuviera miedo de esta oscilación. Me gusta mucho cuando sale por vez primera de su casa, al alba, y ve qué fácil es pasar del deseo a la acción.
Una muchacha mordida y un aullido que quiere trascenderse y ser lo más universal posible
19 de Febrero de 1959
Ayer he roto alrededor de cien poemas y prosas. He quedado asombrada de mi falta de calidad poética, mis gritos, mi exasperación. Hay que empezar de nuevo. Además, quedan doscientos poemas más que seguramente romperé.
He leído un cuento de Brentano que no me impresionó mucho debido a su problema: el bien, el mal. Una imagen me subyugó: el joven mata un pájaro y con su sangre escribe canciones en el libro sagrado del espíritu de las aguas.
También leí, y muy mal —atropellándome—, algunos poemas de Hölderlin. Algunas veces parece un oráculo.
He comenzado Cervantes: Don Quijote. Lectura desapasionada y fría, por ahora.
También una Historia de la literatura alemana de H. Rohl. Bastante estúpida por cierto.
He leído un cuento de Brentano que no me impresionó mucho debido a su problema: el bien, el mal. Una imagen me subyugó: el joven mata un pájaro y con su sangre escribe canciones en el libro sagrado del espíritu de las aguas.
También leí, y muy mal —atropellándome—, algunos poemas de Hölderlin. Algunas veces parece un oráculo.
He comenzado Cervantes: Don Quijote. Lectura desapasionada y fría, por ahora.
También una Historia de la literatura alemana de H. Rohl. Bastante estúpida por cierto.
17 de Febrero de 1959
He pasado una mala noche. Ayer robé La Chartreusse de Parme del Instituto de Lit. Francesa. Lo hice —no sé por qué, pero me gustó hacerlo—. Es una forma de pedir, ya que nadie me da nada. «Je vous arracherai en tonnes ce que vous m'avez refusez en grammesl» No siento la menor culpa.
He decidido encerrarme a estudiar y trabajar. Ayer hojeé en la biblioteca la correspondencia de Pound. Lo primero, dice, hacerse de un instrumento para trabajar. Tengo que dejar de leer los autores prescindibles, aquellos que por ahora no me ayudan. Ayer no hice nada. Estuve en el infierno. Los otros son mi infierno. El más grande. Engordé mucho. Ya no debo angustiarme. No hay remedio. Es un círculo vicioso. Para no comer necesito estar contenta. No puedo estar contenta si estoy gorda.
He decidido encerrarme a estudiar y trabajar. Ayer hojeé en la biblioteca la correspondencia de Pound. Lo primero, dice, hacerse de un instrumento para trabajar. Tengo que dejar de leer los autores prescindibles, aquellos que por ahora no me ayudan. Ayer no hice nada. Estuve en el infierno. Los otros son mi infierno. El más grande. Engordé mucho. Ya no debo angustiarme. No hay remedio. Es un círculo vicioso. Para no comer necesito estar contenta. No puedo estar contenta si estoy gorda.
16 de Febrero de 1959
No daré el examen. Hoy he salido y ahora estoy nuevamente vencida. Me encontré con L. Todos proyectan libros, antologías, se mueven en grupos, están fuertes. Yo pienso en mí: soy una estudiante. No quiero actuar hasta no saber qué quiero. Por otra parte, quiero ser indiferente al exhibicionismo literario.
Comenzaré El Quijote.
He dicho que estoy vencida: sí, he salido, visto muchachas hermosas. No hay excusa posible. Una mujer tiene que ser hermosa. Y yo soy fea. Esto me duele más de lo que yo creo. Tal vez por eso piense que jamás me amarán. ¿Estoy errada? No.
Comenzaré El Quijote.
He dicho que estoy vencida: sí, he salido, visto muchachas hermosas. No hay excusa posible. Una mujer tiene que ser hermosa. Y yo soy fea. Esto me duele más de lo que yo creo. Tal vez por eso piense que jamás me amarán. ¿Estoy errada? No.
11 de Febrero de 1959
Ayer escribí un poema. Mi poesía, ahora, es anémica. No tengo potencia poética y si aparecen rastros de ella queda paralizada por mi temor. En el fondo, quiero escribir la novela. No la escribo porque antes quiero leer mucho. ¿Qué he leído ayer? Dos poemas de Neruda y una fábula de La Fontaine. A este paso la escribiré a los ochenta años.
Es inconcebible cómo se renuncia inconscientemente a todo. Yo, sin darme cuenta, he renunciado a la fama, al matrimonio, a los viajes, a la amistad. Ello no significa que los rechazaría sino que ya no se presentan a mi conciencia como cosas probables o aspiraciones.
No se puede amar en la realidad. No obstante, hay tantas neuróticas enamoradas.
21.30 h. Muero de cansancio. He buscado cinco mil palabras en el diccionario. Pensando en la novela. Temo que sea una excusa para mi exhibicionismo y que, en el fondo, no haya más que el deseo de ser conocida y celebrada. No estoy segura de esto. Pero lucharé contra toda forma de exhibicionismo. Es que ¡oh señor! yo no soy una muchacha: soy un muestrario de los pecados capitales.
Es inconcebible cómo se renuncia inconscientemente a todo. Yo, sin darme cuenta, he renunciado a la fama, al matrimonio, a los viajes, a la amistad. Ello no significa que los rechazaría sino que ya no se presentan a mi conciencia como cosas probables o aspiraciones.
No se puede amar en la realidad. No obstante, hay tantas neuróticas enamoradas.
21.30 h. Muero de cansancio. He buscado cinco mil palabras en el diccionario. Pensando en la novela. Temo que sea una excusa para mi exhibicionismo y que, en el fondo, no haya más que el deseo de ser conocida y celebrada. No estoy segura de esto. Pero lucharé contra toda forma de exhibicionismo. Es que ¡oh señor! yo no soy una muchacha: soy un muestrario de los pecados capitales.
2 de Febrero de 1959
Duermo mal. Algo me urge y al mismo tiempo algo me estanca. Ganas de lanzarme y de quedarme clavada. Interés e indiferencia. He temido la locura. Estoy también segura —o calmada— respecto de mi fortaleza mental. Pensé en el amor. Esperanza y desesperanza. Superficial y profunda. Ángel y demonio. Genio e idiotez. No puedo morirme, me disperso, me ilusiono, me desespero. Estoy y no estoy en el mundo. Quiero y no quiero. Pensé mucho tiempo en el escribir y quiero aprender. Presiento un lenguaje mío, un estilo que no se dio nunca, porque será mío. A la casa de él, entonces. Quiero escribir en prosa. Hoy llamé a O. Me alteró su voz. No quiero analizarme. Mi única salvación es comenzar a pensar, es decir, interesarme por objetos concretos. Basta de absolutos, basta de la nada.
No creo aún en mi muerte. Por eso soy una niña.
Mi imagen de la felicidad es un dedicarse al estudio, un escribir. Y amar. No puedo amar. No amo a nadie. Pero lo quisiera. Quiero amar a un hombre. Creo que no será posible debido a mi imposibilidad de amar. 1) No veo a los otros sino que me reflejo en ellos, recojo en ellos mi imagen. 2) Sólo me siento a mí, es decir, a mi [tachado]. 3) Ningún ser me da la medida del misterio que yo busco desesperadamente. Y cuando siento ese misterio es porque ese ser me niega (caso O. cuando lo conocí). Hay otros motivos: mis complejos de inferioridad: creer que nadie se hará cargo de mí por el amor. Esto es erróneo. Podría ser un amor equivalente en el que nadie se hace cargo de nadie sino que hay dos compañeros, dos que se aman y se sostienen mutuamente. Pero mi infantilismo, mi horrible anhelo de padres, mi deseo de ampararme en otro y que me ame como a una niña enferma. Por otra parte, soy tan ficticia que mi aspecto desmiente cualquier deseo mío de protección. Nadie como yo tiene una apariencia tan sólida y fuerte.
No creo aún en mi muerte. Por eso soy una niña.
Mi imagen de la felicidad es un dedicarse al estudio, un escribir. Y amar. No puedo amar. No amo a nadie. Pero lo quisiera. Quiero amar a un hombre. Creo que no será posible debido a mi imposibilidad de amar. 1) No veo a los otros sino que me reflejo en ellos, recojo en ellos mi imagen. 2) Sólo me siento a mí, es decir, a mi [tachado]. 3) Ningún ser me da la medida del misterio que yo busco desesperadamente. Y cuando siento ese misterio es porque ese ser me niega (caso O. cuando lo conocí). Hay otros motivos: mis complejos de inferioridad: creer que nadie se hará cargo de mí por el amor. Esto es erróneo. Podría ser un amor equivalente en el que nadie se hace cargo de nadie sino que hay dos compañeros, dos que se aman y se sostienen mutuamente. Pero mi infantilismo, mi horrible anhelo de padres, mi deseo de ampararme en otro y que me ame como a una niña enferma. Por otra parte, soy tan ficticia que mi aspecto desmiente cualquier deseo mío de protección. Nadie como yo tiene una apariencia tan sólida y fuerte.
15 de Enero de 1959
Tal vez esté enloqueciendo. Porque lo deseo, lo deseo tanto como la muerte. Cierro los ojos y sueño la locura. Un estar para siempre con los fantasmas amados, llámense paraíso, vientre materno, o lo que el demonio quiera. «Loin! Loin de l'immonde cité! Lejos de las ciudades en que se compra y se vende.» Allí, una niña llamada Alejandra, aprendería a sonreír con menos amargura.
He pensado: ¿por qué desear la huida de mis angustias? Aceptar la fatalidad de algunos seres. Yo he nacido para sufrir. Esto es sencillo. Duele.
Quiero estudiar, quiero aprender, quiero escribir. Tengo veintidós años. No sé nada. Nada fundamental. No sé lo que debería haber aprendido hace muchos años. Nadie me enseñó nada. Sé, en cambio, lo que debería saber mucho después. De allí que me sienta anciana y niña al mismo tiempo.
He pensado: ¿por qué desear la huida de mis angustias? Aceptar la fatalidad de algunos seres. Yo he nacido para sufrir. Esto es sencillo. Duele.
Quiero estudiar, quiero aprender, quiero escribir. Tengo veintidós años. No sé nada. Nada fundamental. No sé lo que debería haber aprendido hace muchos años. Nadie me enseñó nada. Sé, en cambio, lo que debería saber mucho después. De allí que me sienta anciana y niña al mismo tiempo.
6 de Enero de 1959
He soñado que vivía a principios del siglo. Me extrañó mi «conocimiento» de ciertas costumbres.
3 de Enero de 1959
He dejado el psicoanálisis. No sé por cuánto tiempo. Estoy muy mal. No sé si neurótica, no me importa. Sólo siento un abandono absoluto. Una soledad absoluta. Me siento muy pequeña, muy niña. Y me van abandonando todos. Absolutamente todos. Mi soledad, ahora, está hecha de quimeras amorosas, de alucinaciones ... Sueño con una infancia que no tuve, y me reveo feliz —yo, que jamás lo fui—. Cuando salgo de estos ensueños estoy anulada para la realidad externa y actual. Jamás hubo tanta distancia entre mi sueño y mi acción. No salgo, no llamo a nadie. Cumplo una extraña penitencia. Y me duele funestamente el corazón. Tanta soledad. Tanto deseo. Y la familia rondándome, pesándome con su horrible carga de problemas cotidianos. Pero no los veo. Es como si no existieran. Siento, cuando se me acercan, una aproximación de sombras fastidiosas. En verdad, casi todos los seres me fastidian. Quiero llorar. Lo hago. Lloro porque no hay seres mágicos. Mi ser no tiembla ante ningún nombre ni ninguna mirada. Todo es pobre y sin sentido. No digamos que yo soy culpable de ello. No hablemos de culpables.
He pensado en la locura. He llorado rogando al cielo que me permitan enloquecer. No salir nunca de los ensueños. Ésta es mi imagen del paraíso. Por lo demás, no escribo casi nada.
Hay sin embargo, un anhelo de equilibrio. Un anhelo de hacer algo con mi soledad. Una soledad orgullosa, industriosa y fuerte. Es decir: estudiar, escribir y distraerme. Todo esto sola. Indiferente a todo y a todos.
He pensado en la locura. He llorado rogando al cielo que me permitan enloquecer. No salir nunca de los ensueños. Ésta es mi imagen del paraíso. Por lo demás, no escribo casi nada.
Hay sin embargo, un anhelo de equilibrio. Un anhelo de hacer algo con mi soledad. Una soledad orgullosa, industriosa y fuerte. Es decir: estudiar, escribir y distraerme. Todo esto sola. Indiferente a todo y a todos.
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