29 de Abril de 1958

Continúo sin hacer nada. Pronto sucederá, no lo temido, sino lo ansiado, sino sobre todo lo ansiado.
Sueño con el aislamiento. Yo sola, cerca del mar. Sola. Absolutamente sola. Esta es mi imagen de la felicidad.

Lunes 28 de Abril de 1958

Pierdo los días, la vida, el sueño. Pero yo no tengo la culpa si deseo, a la vez, la muerte y la vida, al mismo tiempo, a la misma hora. Nada podré hacer si no me impongo un método de trabajo. Y en primer lugar, un método de aprendizaje literario. Si yo tuviera el lenguaje en mi poder escribiría día y noche, pues es lo que más deseo. Pero ya es obsesiva mi desconfianza en el manejo del idioma. Y la novela se convierte en utopía. Cómo estudiar, y trabajar, y leer, y escribir. Y lo quiero todo al mismo tiempo. Y también embriagarme, y ver amigos y angustiarme, y asistir a todos los [tachado]. Pero sobre todo angustiarme y querer morir porque quisiera ser todo y sólo soy nada. (¿Qué significa mi abuso de la conjunción y? ¿Qué sino prolongar hasta el infinito cuestiones que es necesario resolver ahora y aquí?)
No es esto todo: también quiero leer filosofía y ocultismo. También quiero pintar y aprender inglés y alemán, historia del arte e historia de las civilizaciones americanas. Y no pienso poco en la posibilidad de un viaje.
En suma, frustración de frustraciones.

Sábado 26 de Abril de 1958

El aplazamiento: he aquí el título de mi situación actual. No concibo el tiempo móvil, fluyente, que me importe, que se relacione conmigo. No tomo conciencia de mi temporalidad. Siento, por el contrario, que tengo una reserva de tiempo sobrante, de tiempo gratuito, innecesario. Creo que ello se debe a que no creo aún en la muerte como algo que me pueda suceder.
La relectura, en mí, más que derivada del placer que me pudiera proporcionar el libro que releo, es una suerte de primera lectura. La verdad es que los libros desconocidos me atemorizan. Necesito penetrarlos sigilosamente. Y en la primera lectura, mi inhibición es tal que me impide cualquier comunicación profunda con el texto. Estas dificultades son mayores con los poemas. No creo exagerar si relaciono todo esto con mi casi imposibilidad de amar. Es más aún: hay miedo de entregarme a otra conciencia, no porque ello signifique enajenarme sino porque exige responsabilidad. De cualquier modo, las relaciones con las otras personas o con los otros son mucho más difíciles de lo que se cree. Casi diría que la vida es muy breve para comprender perfectamente o absolutamente un solo libro. Llegó la angustia. No se puede hacer nada sino dejar que el cuchillo se hunda cada vez más, cada vez más, y que una mano invisible me impida respirar. No hay defensa posible. Todo pierde su nombre, todo se viste de miedo. Aun el pensar en la poesía como posible salvadora me parece falso, neurótico.

Martes 22 de Abril de 1958

Pienso en el análisis. Tal vez lo necesite aún pero no siento el menor deseo de continuarlo. Lo que me inquieta es mi ocio, mi no hacer nada. Me paso los días obsesionada por este viento frío que me penetra, este mensajero de mi soledad, este castigador innominable. Debiera leer mucho pero mi pensamiento está congelado, pasmado ante tanta angustia, tanta sensación de muerte. Creo que debería trabajar, tener un empleo. Sería una manera de intentar la adultez, si bien no deja de ser externa. Pero necesito trabajar y probarme.

21 de Abril de 1958

He pensado en la novela. No la comenzaré con mi infancia. El solo hecho de recordarla [me] cubre de cenizas la sangre. Sólo algunas angustias, algunos sucesos lamentables, sobre todo lamentablemente sexuales.
No confundir la irrealidad poética con la irrealidad neurótica. A propósito de los ensueños edípicos: ¿qué hacer si se ha carecido de padres? Trascenderlo de alguna manera. Lo esencial es comprender que ya no soy una niña sino una mujer, sino y sobre todo una mujer. Rien qu'une femtne dans le silence de la solitude.
Descubro mi violento amor propio. Mi susceptibilidad ante la menor desatención de la gente para conmigo es tan enorme que me transformo en una muerta. De allí que alguien habló de mi serenidad y de la falta de obsesión en mi comunicación con los otros. La verdad no es así: toda prueba de amistad o de adhesión a mí es tan desfalleciente en relación a lo que pretendo que no puedo hacer otra cosa que entrar en un silencio vestido de dignidad pero palpitante de desilusión y de congoja infantil.
No puedo aceptar otra realidad que la del arte. Este mundo es horrible. Pero pienso que la medida de cada uno la da el empleo que se hace de la propia soledad y de la angustia. Más que «valentía» hay que decir «inocencia».
«Aún hay dichas, terribles dichas a conquistar bajo la luz terrestre.»
Ello no impide mi anhelo de muerte, de dormir, al fin, y no despertar jamás.

20 de Abril de 1958

Suceso sexual con N. Frustrado a causa de mi cansancio, de mi indiferencia. La realización sexual me parece posible en la soledad de mi cuarto, pero llegado el instante de concretarlo en la realidad, el deseo muere asfixiado y sólo queda una gran fatiga y un desolado e inoportuno dominio de mí misma.
Leo el diario de Julien Green. Me recuerda al de Katherine Mansfield en su insistente y agónica lucha contra el ocio del escritor. Ese miedo de morir sin haber escrito «le livre». Hallo en este diario carencia. No obstante, me impulsa, no sólo a continuar escribiendo el mío sino a escribir más poemas y más prosas. Debiera comenzar mi novela. Pero me asusta mi impericia literaria. Mas, ¿cómo adquirirla si no la comienzo? Y necesito recuperar mi infancia, urge detenerla, desenterrarla de su pantano de miedos. Pero pensándolo bien ¿he tenido yo una infancia? No, creo que no. No tengo un solo recuerdo de ella que me permita la más mínima nostalgia. No tengo ni un recuerdo bueno de mi niñez.

18 de Abril de 1958

He abandonado el análisis. Curioso ahora encontrarme, saludarme, decirme cómo estás tú Alejandra, mirarme sonriendo, tal vez un poco orgullosa de mí, como si yo fuese mi hija —¿y por qué no he de ser mi hija si mi infancia y mi adultez están escindidas?—, pero qué culpa, qué miedo, qué inhibición, qué terror, hay en tus ojos, hija mía.
Soy libre. Quiero serlo, que es lo mismo.

Viernes 21 de Marzo de 1958

He visto el mar, un mar que no se cansa de sí mismo, un mar que jamás se hastía de retornar siempre a sí mismo.
Estoy enajenada. También un poco asustada de todo y de mí misma, de mi soledad, de mi desamparo.
He descubierto mi imposibilidad de comunicación con la gente. Pero no. Exagero. Sucede que me es imposible acceder a la realidad doméstica. No sé hablar más que de la vida, de la poesía y de la muerte. Todo lo demás me inhibe, o, lo que es lo mismo, es objeto de mi humor. (Mi humor: el gran encubridor.)
Otra cosa: he aceptado vivir.

Miércoles 4 de Marzo de 1958

La mala fe continúa. Me siento desarraigada del mundo como jamás lo estuve. Pero esta vez mi exilio es beneficioso. Intento establecer una comunicación entre lo que vive en mí sin ser mío y este yo que está escribiendo ahora. En suma, quebrantar el puente que separa el sueño de la acción. He pensado en Dios y en la muerte. Hoy sentí lo misterioso con una intensidad maravillosa. Me pregunto por el origen de la noción del mal, de la culpa. Surgió en relación a Nerval. (Y qué familiar, qué cercana me es la carencia de Nerval, su herida, su persecución de sombras, de fuego.)

Lunes Marzo de 1958

Abandonaré al objeto amado. Dejaré la obsesión. Necesito toda la valentía del mundo. (Es la primera vez, después de muchos años, que menciono esta palabra: «valentía».)